
-Poeta & Escritor-
Ces Le Mhyte

Un clásico de Armando Discépolo
MATEO

«Cada generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará.
Pero su tarea acaso sea más grande. Consiste en impedir que el mundo se detenga.»
Albert Camus
Bordes, marcas, fisuras para delimitar la zona de acción, el campo de batalla.
Una zona de realidad dura, áspera, pero sin cicatrizar, donde la lucha, la pelea, es el núcleo central de la persistencia cultural del ser.
Es decir, el esfuerzo por perseverar en el ser se manifiesta en la tensión modal, metafísica, en ese pasaje del centro a la periferia.
A partir de aquí, nace el umbral de la esperanza y su doble: la resignación.
Quien no lucha, quien abandona o pierde la batalla, no es digno de ser en la cultura. Esta denuncia cruda, sin tapujos, interpela al otro rostro del poder, a la otra cara de la condición humana.
Donde el fenómeno trinitario de lo erótico, lo político y lo económico se retroalimentan a partir de las miserias humanas.
Mateo, de Armando Discépolo, en una adaptación y dirección de Lourdes Serrats, propone una mirada íntima, provocadora, sugerente, sobre el poder y sus consecuencias, la servidumbre y la ceguera trascendental.
Lourdes Serrats logra construir un andamiaje perturbador pero sin golpes bajos, grotesco pero profundamente querible.
Un reflejo de la actual naturaleza argentina, modificada a fuerza de luchar y luchar.
Con un elenco fuertemente comprometido con su tiempo, y sincronizado a la perfección, las actuaciones fluyen con sobriedad, consistencia y credibilidad.
Un cuadrilátero, un ring, como en un tablero de ajedrez donde cada pieza cumple un rol esencial para alcanzar el objetivo:
la conquista de una ilusión, la persistencia de un engaño, la promesa del mañana.
Miguel, padre de familia, interpretado con absoluta solidez y con grandes recursos de proyección de la voz y direccionalidad del gesto por Juan Peña, no deja de tomar las riendas de ese sueño de libertad, de la promesa del mañana, a pesar de las oscuridades en que puede transitar el alma humana. En ese sentido, Miguel parece enarbolar una travesía quijotesca donde Mateo -su caballo- no tiene derecho a elegir.
Lucía, interpretado por Lucía Franco, hija de Miguel, es la expresión del deseo, la posibilidad de otro mundo posible, el sueño eterno de la libertad. Lucía Franco logra componer un personaje fuertemente ensoñador y sensual, con una destreza corporal que eleva el fuego creador.
A merced de la ruta.
El carro a la deriva.
El caballo no es de troya.
Se confunden las ramas de un árbol
con los restos de una quema.
El viento cruje.
El silencio pastorea en su luz.
Las ruedas aguantan el peso de la noche.
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Ces Le Mhyte
En "Cuatro poetas del Sol", antología especial bajo el cuidado de Eduardo Monte Jopia e ilustraciones de Lautaro Dores, editorial Tres más uno, Buenos Aires, 2018; y en Metapoesía, revista virtual de poesía, dirigida por Daniel Rafalovich, Santa Fe, 2019.
Mateo, un caballo cansado y arruinado por tanto trabajo ajeno, fiel compañero de Miguel, en principio es testigo de todas las batallas, y esclavo de las miserias ajenas. Un caballo que jamás aparece en escena y que siempre se lo nombra como si fuese el umbral que exime la pena, en su doble acepción: como sufrimiento y como norma o sanción.
Pero Mateo es también, de cierta manera, la impunidad de lo omnipresente, de aquello que empuja la atención de las cosas sin recibir alguna cuota de responsabilidad. De ahí su contrapunto beckettiano para la obra, para el acto de búsqueda de justicia y verdad.
Teatro La máscara
BUenos Aires, Abril de 2026.
FICHA TÉCNICA
Mateo
Juan Peña es Miguel
Marcela Eva Pérez es Carmen
Lautaro Aguirre es Carlitos
Hernán Merlini es Chichilo
Lu Franco es Lucía
Susana Mei es Severino
María Ramos es Loro
Mariano Singer es Narigueta
Puesta en escena y dirección: Lourdes Serrats
Asistencia de dirección: Leticia Rossi
Producción ejecutiva: Tamara De Lacentre

